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Estamos hechos de palabras.

Palabras que hemos escuchado, hemos dicho, hemos tratado de olvidar, hemos querido decir, hemos vuelto a pronunciar.

Hechos de una historia más narrada que vivida. Porque nuestra historia no es nuestra historia, sino lo que contamos de ella y, así, terminamos convencidos de que es la nuestra.

Datos personales

viernes, 12 de noviembre de 2010

El último día



Yo creo que enloquecer
Es sólo una decisión
Que estoy demorando un poco.
Creo que bastaría con decir:
“Hoy fue el último día,
Mañana despertaré en otro plano
Lleno de margaritas silvestres
Y limoneros con azahares perfumados
Y tendré violetas en el cabello,
Más largo que siempre,
Y sonreiré de ver cómo el cielo es rosa al mediodía”.
Yo creo que alcanzaría con firmar el último contrato
Con el desgaste de los días,
Con las horas vacías,
Con los segundos de hastíos profundos
Y soledades abismales
Y desconciertos ante la hipocresía
Y rubricar con lacre y trementina
El instante agónico de la espera
que ha perdido todo sentido
y me rasga con dedos sutiles y uñas ásperas
mientras me veo aquí, tan volcánica y sin lava,
tan sin Pompeyas para tapar con nauseas etneas…
Creo que la locura
Será siempre un destino complaciente,
Como los imposibles o las pesadillas.
Creo que mañana por la mañana
Sería un buen día para decir Basta
Y darle una canción de cuna a la niña
Que vuelve a esperar y sueña
En algún campo de Saavedra,
Bajo las palmeras descascaradas de un parque que huele a laurel,
Sobre la higuera con gotas de miel.
Voy a bañarme en el agua del tanque,
Voy a recoger verbenas,
Voy a besarlas a ellas,
Voy a amarlo entre sábanas rosas-naranjas,
Voy a olvidar que he pretendido,
Voy a fingir que no he querido
Sentir estos deseos de ser otra
O yo misma
O yo entera: la que soy, la que ha sido, la que han visto…
Mañana será un buen día
Y será otro día.

M. P. V.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Ha nacido un niño


Y tuviste a tu hijo y yo estaba en Inglaterra...


Ha nacido un niño
entre las verdes colinas
del Castillo de Sarum.
Ha nacido mientras
un halconero echa a volar
su ave con patas de cascabeles
y un setter rojizo nos entrega
sus orejas para la caricia...
y ha nacido en un atardecer
tempranamente inglés mientras
ancianas de ojos transparentes
caminan por el césped y
sus cabellos blancos
encienden de rojo
sus pieles rosas.
Ha nacido un niño
y "trema" el agua del río
y los cisnes hunden sus cabezas
a pesar del frío
y el río sucede por debajo
de la ciudad medieval y yo
camino, a la distancia, pero
a tu lado y
pienso en "aguas rotas"
y en llantos nuevos y
en cielos de niebla
y en manos tiernas...
Ha nacido tu niño y,
mientras, miro el valle de Salisbury
y me encandila el verde
y los techos musgosos se asoman
entre robles ya rojos, ya dorados y
entonces suena la campana de la catedral
y anuncia horas nuevas.
Horas distintas e idénticas:
una mujer argentina, en Inglaterra;
otra, en la Bahía en primavera
con un niño en los brazos que espero
y me espera.

M. P. V.

lunes, 25 de octubre de 2010

Decir adiós es un sofisma


VIERNES 12 DE MARZO DE 2010
Decir "adiós" es un sofisma
He dicho adiós a tanto y tantas cosas...
he dicho adiós, por ejemplo, a ciertas amapolas,
a unos jazmines que no llegaron,
a la primera versión de la dulzura,
a tierras que amé,
a ríos que no crucé ni cruzaré.
He dicho adiós en los andenes,
en las veredas,
detrás de los cristales,
al borde de escaleras,
al otro lado de las almohadas.
He visto por última vez
las Sierras de la Ventana,
La Isla de los Patos,
La Plaza del Sol,
Las sombras largas en un campo de golf en cuyos postes
mil lechuzas anunciaban noche en Villa Allende.
He querido creer que me despedía en ese adiós y
simplemente se trataba de una letanía
repetida como un mantra, como una plegaría,
como una memoria
que todo lo devuelve,
que todo lo conserva y
que nada desecha.
Yo, como tantos, he dicho adiós
pretendiendo que la palabra se llenara de olvidos...
Ahora, acaso, recuerdo tanto o más cada adiós
y cada uno de los olvidos.

ENTRADA ORIGINAL y COMENTARIOS: http://lunaalreves.blogspot.com/2010/03/decir-adios-es-un-sofisma.html

domingo, 10 de octubre de 2010

Lo que nos queda...

Lo que nos queda

No es más que lo que hemos sido
Y entregado y dicho.
Es un recuerdo de aquel paraíso,
Un dibujo que hicimos de niños,
Una presencia de sueños que soñamos
Y aún no cumplimos
Y esperamos.
Es una víspera de navidad,
Un atardecer antes de reyes,
El insomnio previo al beso aquél,
Una noche en vela
Luego del amor pronunciado
Y desvelado
Mientras tu imagen pretende recordarse
En presente
Para evitar extrañarte
cuando lejos te sepa.
Nos quedan las primeras lluvias de otoño,
El hastío de soles y arenas,
Un café sobre la mesa
Que espera palabras otoñales
Que también despierten
Ciertas cosas dormidas
En la mesa
De luz y sombra
donde ahora
Duermen libros de siempre
Que leo como por vez primera.
Mares de corales y algas verdes y moradas,
Viñedos de montañas itálicas,
Castillos de piedra negra,
Vías romanas hacia el Coliseo
Por donde caminamos como de parto,
O nacimiento.
Fontanas donde aún
Arrojamos tres veces nuestros deseos,
Piedades que nos silencian,
Panteones que nos exaltan,
Circos donde no hubo ni habrá payasos.
Lo que aún no soñamos,
Los rostros que no conocemos,
los amores que todavía no inician,
el amor que no se va
aunque invoquemos su adiós tantas veces…
La tierra nuestra a la distancia,
Nuestra tierra otra vez de cerca,
La tierra nuestra
Portada en guijarros
Como campos enormes y eternos de esencia.
Las voces comprensibles de los que amamos,
Mi voz diciendo, una vez más, te amo.
Tu voz diciendo “siempre”,
Sus voces narrando un día ausente
De la memoria, de nuestro calendario,
De nuestra idea de vida, de línea
Y de espacio…
La mancha de humedad contra la que peleamos a diario,
Los ojos de la madera que nos miran desde el techo,
Los pájaros que despiertan los cansancios,
Las mareas que traerán agua nueva,
Las noches que se llenarán de palabras
Dichas al borde de las lechuzas.
Los cometas que no volverán prontamente,
Las luciérnagas que se apagarán
Frente a farolas nuevas.
Pisos de ladrillo
Sobre las toscas viejas
Y las raíces de niños que hemos sido y serán
En esta primavera de otras tierras.

Lo que nos queda,
Lo que nos queda…

M. P. V.

miércoles, 7 de julio de 2010

Estrellas

Veo candiles que ya no existen,
Miro sólo resplandores de lo que alguna vez fue,
Me acuesto boca arriba,
Me gusta la noche celeste,
Me detengo en soles viejos,
Recorro los caminos que marcan algunas estrellas,
Soy feliz con la imagen:
Están allí, las veo, me llenan de chispas los ojos.
Sí, están las estrellas en mis ojos ocres.
Veo cosas que ya no existen:
Se han extinguido hace tanto!
Cómo habitan mis pupilas
Los cristales de los soles?
Me han dicho que muchas están muertas
Y que sólo el recuerdo de ellas
(que viaja hacia mí lentamente)
Es lo que llena de luz
Por un rato, por las noches,
Una mirada que las refleja.

viernes, 25 de junio de 2010

Astor y yo

Anoche me fui a dormir con Astor. Suena pecaminoso, pero es cierto.
Amo a Piazzolla. Estoy perdidamente enamorada de Piazzolla. Decir que dormí con él no basta porque su música me invade y me toma por asalto y me provoca, incluso, malestares físicos. Poco me interesan los vulgares panegíricos de una argentina en Europa que llora con el sonido de un tango. Nada más lejos.
Sucede que en la tarde del miércoles fuimos a ver en familia El Castello Ursino. Un castillo medieval emplazado en pleno centro histórico de Catania. Es bello, conmovedor, fascinante. En medio de un patio interno había tirados en el suelo frisos con escrituras griegas del S II A.C, ánforas, máscaras romanas, todo rodando entre los adoquines de piedra lávica, esperando una clasificación arqueológica.
Escrutando de cerca intenté comprender qué decían aquellos pedazos de carrara y por una vez en la vida pude jactarme de que “para algo sirve saber lenguas muertas”. Qué tanto!
El recorrido fue muriendo de a poco. Pasamos por cárceles, habitaciones; vimos pinturas, sacamos fotos. Yo me senté varias veces y simplemente me dediqué a imaginar la vida que habría transcurrido entre esos muros… Va, esas cosas que se hacen en ciertos lugares que nos conmueven.
Nos retiramos del Castello con una agenda cultural en las manos ya que en el estío allí se llevan a cabo espectáculos varios.

“Segundo sábado de junio Flam & Co ejecuta a Astor Piazzolla. 19:30 Hs.”

Caía una llovizna cálida sobre la plazoleta cuando estacionamos. Él y yo. Las nenas en casa. Las puertas del Castello “cerradas”. Tuve pánico. Imaginé un: “se suspendió”, pero era aún peor. Estaba lleno y cerca de veinte personas que se mojaban en la puerta discutían y luchaban con el portero para que los dejara entrar. Apelando a mis antiguos bríos de recitales rockeros ( en los que, luego de saltar alambrados, terminaba frente al escenario) logré llegar hasta la puerta misma. Allí permanecí tratando de entender qué sucedía: Aquí no se discute en italiano, se grita en siciliano, que es muy distinto.
Nadie se resignaba y por eso aguardamos en la puerta cerca de veinte minutos. La llovizna volvía mortecinos los faroles de hierro de la placita y los cafés de los alrededores estaban envueltos de niebla. “Prego, signore!”, alcancé a decir en un instante en que la puerta se abrió y vi la cara monstruosa del que nos vedaba la posibilidad de escuchar a Astor en aquel sitio.
¿Entendería él, por un instante siquiera, de qué me estaba privando a mí? ¿Había forma de alcanzarle mis motivos y que se compadeciera de ellos? Definitivamente no. Entonces, con la puerta entreabierta, mientras los demás parloteaban sus exigencias me dediqué a oír lo que escapaba de la sala y lo que salía era todo él. No Argentina, él: furioso, incomprendido, envidiado, exiliado del canon tanguero, dolorido, suave, ciclotímico, violento, templado, dulce (sí, dulce), perdonado tardíamente, conmovedor. Me cubrí la cara con el pelo largo que siempre me ha guarecido, bajé la cabeza y resistí bastante bien las lágrimas. Alcancé a escuchar los últimos acordes de Invierno Porteño.
¿Cómo es posible tanta belleza? ¿Dónde nacen la música, los sonidos y los “ruidos” que encienden los instrumentos de Astor?
Me identifico con él. Me reconozco en la manera que pasa de la furia a la ternura, en el modo en que asusta y aún se hace amar, en la cercanía que provoca su gesto distante y altanero, en la transfiguración que lo abarca cuando el arte lo completa. Agradezco no haberlo visto nunca en la vida porque de ser así me hubiera perdido absolutamente.
No tiene sentido narrar que finalmente entramos más que para decir que lo que se veía era sublime, sólo por una razón: en un castillo de ochocientos años, junto a una escultura colosal de carrara, seis tipos hacían música y más de cien los mirábamos. Yo amé la escena, muy probablemente porque vengo de lugares jóvenes y lo viejo me conmueve, como me conmueven los ancianos en las plazas, junto a los niños en las hamacas.
De Piazzolla no tocaron nada más que aquello que se fugó y oí entre las maderas feudales, con el cabello mojado, frente a la fosa que se llenó de lava en la última gran erupción del Etna.
Esa noche yo no acudí a un recital: tuve finalmente una cita a hurtadillas con Astor y le robé un beso en la puerta cancel.

lunes, 24 de mayo de 2010

A Marina Fernández, por su magia de siempre…



“Puedo escribir los versos más tristes esta noche”
Pablo Neruda

Podría decir, por ejemplo,
Que recién miré un crepúsculo violáceo sobre el Jónico,
Que esta tarde sonaron los violines de la escuela y sonreí,
Que tomé un cortado frente al Castello y anochecía,
Y un perro de bigotes grandes cantaba
Mientras la noche se iba como si nada.
Podría decir, por ejemplo,
Que se me detuvo el tiempo esta mañana,
Decir que, a pesar de tanta pérdida temprana,
No acepto, ni lo haré nunca,
Las pérdidas tempranas.
Cómo sigue la vida.
Sigue como si siguiera,
Como si nada hubiera terminado,
Como si los pájaros no comprendieran
Que es hora de hacer silencio,
Como si los geranios no lograran vestirse de luto,
Como si las radios no supieran que “ya basta con la cosa de siempre”.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Decir que haz estado hoy más que nunca,
Más que siempre,
Más que eternamente
Y en todo,
La tarde, los violines, las barcazas,
Los pescadores,
La luna menguante,
Los cactus en flor,
El murmullo obsceno de la gente,
Las risas de aquellos que hoy tienen ganas,
Los autos que circulan impávidos,
Los niños con su aire de “para siempre”,
Los enamorados con su gesto ensimismado,
Los ancianos que aún caminan y
Les pasó la vida, y algunos reniegan.

Borges recomendaba no escribir así, no en este estado
Doloroso, recién amanecido.
Tendrá razón, serán estas palabras no muy poéticas,
No muy bien dichas, cercanas a lugares comunes, dolidas,
Mal seleccionadas,
Vulgares, tan dichas…
Me pasa que no sé cómo decir
Que sólo me resta aceptar
Que te voy a extrañar, Marina,
Y qué no sé cómo
Pero mañana seguirá amaneciendo,
Y seguiremos viviendo
Como siempre,
Pero sin vos.

martes, 11 de mayo de 2010

Distancia y tiempo

A Gabriel,por supuesto...


La verdad es que hoy el día amaneció hermoso. Será por eso, acaso, que por fin me siento en el rincón de siempre, frente al Mediterráneo, a ver deslizarse el mar de derecha a izquierda,o tal vez sea por otra cosa. Por el ventanal que da al balcón se asoma la orquídea lavanda que me regalaste hace más de un mes y los lazos de amor cuelgan hacia el jardín vecino como manos. Me provocan risa sus brotes, como si fueran dedos apiñados, como varias manos y varios dedos que cuelgan inertes o limosneros.
Yo sigo acá, con esta vida que se me va entre sandeces. Me levanto, llevo las nenas a la escuela. Regreso y salgo a caminar por el camino aledaño al mar. Desciendo muchas veces entre las piedras lávicas que conforman la isla y me siento entre los intersticios negros para que nadie pueda verme. A veces me ubico de frente al sol y otras veces miro sin encandilamientos los barcos de los pescadores que regresan de sus faenas. No sé por qué, pero creo que ellos son felices, aunque hayan pescado poco o aunque hayan pasado frío en estas noches casi últimas de invierno. Yo, en cambio, suelo estar tan triste… No sé cómo explicarte. No se debiera estar triste en mañanas como ésta. Yo debería amanecer o irme a acostar mirando la casa, las nenas, tus fotos, la cuenta del banco que finalmente no está en rojo y, entonces, debería habitarme una fe, una serenidad, una plenitud inabarcablemente grandes. Sin embargo, no me sale.
Será que la vida te ha llevado lejos este tiempo y, entonces, yo pretendo ocupar un lugar que no puedo y se sobredimensiona mi lugar de madre y mujer que trabaja y amiga ausente de todos y… será eso, simplemente. O será, por qué no, que me cuesta encender las luces de la casa por la noche, abrir un vino blanco para mí sola (cuando oscurece, sólo entonces), y cenar con las nenas conversando vaguedades y riendo y luego irme a acostar y cepillarme el pelo, vestirme con este camisón que compré pensando en vos, ponerme unas gotitas de perfume (qué rara soy a veces) y mirarme, por última vez en el día, sabiendo que no me verás. Hay días, te aseguro, en que pienso: Qué lindo si nos viera reír como lo hacemos, qué bonito sería que huela el aroma a niñas que dejan las nenas en su cuarto cuando se van a la escuela, qué suerte sería que fueras vos a buscar a la mayorcita de sus primeras fiestas y yo los esperara despierta para conocer las novedades amorosas de ella. En fin, suelo pensar: Qué lindo sería si fuéramos como otras familias, más normales, más juntos, más cansados el uno del otro. Pero, eso a mí no me ha tocado en suerte porque los días nunca son iguales cuando vos no estás. Nunca son iguales cuando yo no estoy (o no estaba) y vos te ibas con ellas a casa de amigos y familia para no asumir mi vacío.
Te imagino en Tanzania, rodeado de los colores de África: las pieles oscuras envueltas en púrpuras y naranjas. Los Masai en medio de tu posta en Kilimanjaro. Imagino la mirada de los otros, la cercanía indiferente de los otros con tu persona y siempre me pregunto si alguna vez comprenderán cuánto daría esta mujer por estar circunstancialmente, al menos, a tu lado en una calle, en los pasillos del aeropuerto, en algún asiento de tu avión oyendo cómo me das la bienvenida a bordo.
Te cuento rarezas o coloridos exotismos míos (no creas que no los tengo): hoy vi una paloma rosa. Yo estaba en el Castello, como casi siempre en las mañanas, y ella voló desde la terraza del Castello hacia mí. Se posó en el suelo de baldosas rugosas y giró su cabeza. Entonces la pude ver con todo el sol sobre su espalda, toda rosada, un rosa casi naranja. Tenía ojitos de verano. No me pidas que te explique esta afirmación porque no puedo, pero era así. Si hubiera sido una golondrina u otra ave migratoria yo hubiera jugado un rato con la idea de que tal vez vos puedas verla en África, pero la pobre paloma no tenía pinta de señora muy “viajada”.
Se hizo de noche mientras te escribo . Hay una luna que es más un sol de otoño. Me gusta el otoño, ya te lo he dicho. Me gusta que enciendas el hogar y ver el tono ceniciento e incandescente de los leños. Me gusta retarte y decirte: ¡Basta, mi amor, estoy transpirando y afuera hace mucho frío!
Las nenas están tocando el piano en la planta alta. Cantan y se ríen. Creo que me preparan alguna sorpresa. Recién encendí la farola del balcón y no hacía falta, la luna es más fuerte.
Llaman al teléfono y nadie atiende. Regreso pronto.
Te cuento que eras vos, llamaste para decirme que hacía horas que acababas de aterrizar. Volabas sobre el Índico y viste una luna enorme y amarilla. Volabas en silencio, volviendo con tus ideas hasta nosotras. ¡Qué nada ni nadie profanara la imagen y el momento! De pronto pensaste: ¡Ojalá pueda verla! No sigo escribiendo pues el resto de la conversación la sabes tan bien como yo.
Hoy me iré a acostar con la certeza astronómica de que la luna se ve igual en África y, a veces, nos encontramos en ella. Cosa de adolescentes, no?

viernes, 23 de abril de 2010

"Sueño el sur,
inmensa luna, cielo al revés...
te quiero sur, te quiero"
Pino Solanas

" El sur, el sur también existe"
Joan Manuel Serrat


Mientras el Norte renace y huelen a flores sus calles
En el Sur algo se está muriendo.
Misterio de paralelos y líneas imaginarias
Más ciertas que una idea
Más determinantes que un sueño.
Guiones sobre un mapa,
Trópicos de transición
Destinos diversos
como el sentido de la brújula
que siempre indica el Norte, o arriba…
Yo me pregunto, a veces, dónde está la fuerza,
dónde el magnetismo mayor o
quién decidió que la punta de la flecha
indique por toda referencia
otro sitio bien distinto al mío.
Cuando era niña y jugaba a los indios
Yo tensaba el arco, colocaba la rama de pino en la cuerda
Y con el impulso nacido en un sur imaginario
Salía disparada hacia el cielo…
De todas formas aquí, ahora, la primavera está instalada
Y el sur se muere de frío, de abuso y olvido….




martes, 6 de abril de 2010

Camino de la escuela

Yo iba al colegio caminando por entre callecitas de tierra,bordeando el viejo cine,
pasando por la casa del fotógrafo al cual Victoria y yo le dejábamos abierta la puerta para que sonara interminable su timbre de anuncio de clientes.
Iba sola con mi portafolios, que no era mochila en esos tiempos, sino una cartera pesada color verde sapo, con bolsillos laterales llenos de plasticolas abiertas, secas e inservibles.
Llevaba un Manual, el Peuser o el del alumno bonaerense y allí habitaba todo el conocimiento del año: matemática, historia, geografía, biología, castellano y literatura. Llevaba, además dos o tres cuadernos, una cartuchera, una tijera,papel de calcar, algunos mapas (casi siempre arrugados) y un vasito plegable color rojo para tomar agua del bebedero de la escuela. No era yo de los chicos que portaban merienda, no. Mamá siempre decía que se merendaba en casa, entonces yo recuerdo aún con deseo las carasucias de Marina o las bolsitas con merengadas y los caramelos de otros niños. Para mí los recreos eran, sobre todo, mirar a la portera cuando estaba por tocar la campana pues la primera campanada indicaba la orden de permanecer en su sitio y la segunda dirigirse hacia la fila. Demás está decir que al ver su mano tomar la cuerda de aquella invertida taza de bronce yo fingía la más estrafalaria figura corporal para permanecer en ella hasta el próximo Tan-Tan-Tan.
Luego todo era volver a hacer silencio en clase. Oir a la maestra, ponernos de pie al ingreso de alguna autoridad, escribir las composiciones en las que se corregía desde el tema, la adecuación, la ortografía, la puntuación, la letra y la prolijidad.
Recuerdo todo aquello con naturalidad, como una cita que la vida nos deparaba (nos gustase o no la idea).
El secundario ya fue otra cosa: Colegio de señoritas, formar parte del coro de la capilla, estar atenta a los peinados, las posturas, los anillos, los chicos que esperaban afuera nuestra salida. Recuerdo el secundario con una especie de fastidio molesto y antinatural y recuerdo las mañanas heladas, formadas todas en el patio abierto cantando Aurora mientras la bandera ascendía tan lentamente cuanto duraba la canción patria. Yo me preguntaba: Cómo es posible que estas mujeres hayan elegido ser profesoras? Yo, en sus lugares, estaría durmiendo en casa, sin despertadores que sonaran a las seis de la mañana! Recuerdo profesoras verdaderamente detestables, una principalmente, que me llamó a dar lección de matemática el primer día luego de las vacaciones de invierno, en la primera hora del lunes. Trigonometría. Por supuesto que cuando dijo: Villanueva! yo sólo atiné a decir: Presente! Luego me pondría un uno (uno de los tantos) y me enviaría al banco expresando que mis fórmulas eran "Cosa de Mandinga".
A otras profesoras las recuerdo como si reconociera en ellas el origen de mi vocación.
Un día me descubrí a mí, mirando a mis alumnos y haciéndoles gestos de que se callaran mientras entonábamos: Salve, Argentina, bandera azul y Blanca... y recuerdo que la enredadera del San Patricio, la falsa parra, estaba morada a inicios de otoño y era yo quien ahora estaba allí, levantándome temprano para ir a dar clases de Literatura.
Lo que esta mañana me trajo aquellas imágenes estará provocado, tal vez, porque extraño entrar al curso y ver que luego de tanta disciplina impuesta, mis alumnos se ponían de pie. Y extraño, seguramente, mis conversaciones con ellos, el raro silencio en mis horas, las manos levantadas y las discusiones sobre si Sor Juana tenía razón o si Hamlet era o se hacía, o si la vida valía la pena. Porque antes que nada mi presupuesto con ellos siempre fue: primero el respeto, casi temor... que luego, para querenos, tenemos todo el año. Y así terminó resultando.
Nos hemos querido, me han temido, les he temido, nos hemos necesitado, los sigo necesitando.
Hoy, no digo que cada mañana, hoy especialmente yo siento unas profundas ganas de tomarme un café en sala de profesores, luego de tres horas de clase agotadoras. Hoy, no sé bien por qué, yo quisiera escucharlos decirme: Miss, viste la nota que salió ayer en el diario? (sólo para demorar mis disquisiciones literarias o lingüísticas).
Hoy, como sucederá en otros días, siento deseos de poder hacer algo para dejarles una huella indeleble relacionada con la vida que se va, una huella de voces y aromas a libros y espacios para pensar.
Será, quizás, que he visto cómo vienen las cosas últimamente.
Pienso por ejemplo en el amor, pienso en la memoria, pienso en el legado, pienso en las miradas, pienso en los silencios... Ya no se escribe "a mano", ya no se perfuman infantilmente las cartas, ya no se mira a los ojos, ya no se bailan lentos, ya no se escucha la voz al oído de aquel que te sacude las visceras con su presencia, ya no se tocan las manos como primer reconocimiento del otro, ya no se está sobrio para poder percibir la belleza y distinguirla del deseo. En esta noche cibernética todos los gatos son pardos. Y yo siento hoy muchas ganas de distinguir pelajes, colores, huellas en los tejados o en los cimientos...
Pero ése, ése justamente, es otro tema.
Y mañana será otro día y tal vez ya no sienta estas ganas inexplicables de seguir haciendo la escuela.

miércoles, 31 de marzo de 2010

El Cobre


"De todos los colores hay uno que me ha sido fiel
:el amarillo, el oro de los tigres que veía de niño"

J.L.Borges


De todos los colores
uno hay, el cobre, que me acompaña desde siempre.
Acaso sea sólo un matiz de tonos terrosos,
una manera extraviada entre el rojo y el verde,
simplemente un brillo que resplandece
entre las ramas cobrizas de mis otoños.
Me acompaña el cobre de los cacharros sureños
que cuelgan en mis muros,
en los campos atardecidos de trigo,
en el tono miel de la piel,
más en lo cobrizo del cabello,
más crepuscular en las pupilas,
infinitamente más en la memoria sepia
que se vuelve cobriza con los días.
Las piedras cubiertas de algas verdes
se han vuelto macizos cobrizos en la playa;
el rostro de un niña de Maurixius,
el hombre de Cartago, la mujer de Hammamet,
los jazmines disecados,
las hojas viejas de los libros,
las llaves que cuelgan tras las puertas,
los arrayanes,
mis olvidos,
los collares de verano,
los hombros míos,
el perfil de la biblia,
el fondo del estanque,
las hojas del roble,
el barco fantasma encallado en Quequén,
el pan recién servido...
Nada hay que no tenga un dejo cobrizo,
Nada.
Todo lo tiñe él,
o toda me ha teñido.

viernes, 26 de marzo de 2010

Te aviso, Sicilia




¡Prepárate para una fiesta, Sicilia!
Que estallen todos tus brotes
antes de que sea primavera establecida
y lo hayan comprendido
tus lagartijas, tus cactus de flores rojas y
las piedras doradas de la costa de lava.
Y prepárate, te digo,
a pesar de que nada señale que se aproxima el verano y
aunque todo el rocío demore el invierno
y las nieves altas persistan sobre el Etna.
Prepárate para una gala, isla mítica,
pues se acercan tiempos en que
se llenará el cielo de Santa Ritas
y mil campanillas azules invadirán las veredas.
Vendrán días para cenar a orillas del mar y
que un barquero diga "Buona serata"
mientras busca pulpos desde su barca.
Se acercan días en que todo esto,
ahora mío,
será nuestro y será nuestro un despúes
de relatos inefables
sobre días y meses y horas
de pesca amanecida,
De noches con velas sobre nuestra playa pétrea...
Por eso te digo, Sicilia,
Prepárate para la fiesta
pues ni una hora ni una risa
pienso dejar abandonada
en el ocio de los días.
Espero a los peregrinos
con el ansia atravesada,
como si ya estuvieran llegando en sus barcos,
como si ya hubieran empacado,
como si tuvieran náuseas de mar y ganas...
No digas que no he avisado, Sicilia,
no sea cosa que lleguen
y tu no estés ornamentada.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Al otro lado del río. Jorge Drexler

miércoles, 17 de marzo de 2010

vuelos baratos

martes, 16 de marzo de 2010

Mi escritor y mi libro favorito



Diría un amigo: "Mi" no es, en este caso, un posesivo sino un pronombre amoroso. Amo a García Márquez y lo amo, entre otras cosas, por aquello que él dice en esta entrevista, "conozco a las mujeres". Nos conoce bien, extremadamente bien, incómodamente bien.

domingo, 14 de marzo de 2010

Biografía

Nací en Bahía Blanca, Argentina, sin embargo los primeros recuerdos de aquella ciudad pertenecen a mis once años cuando regresé luego de siete traslados. Las mudanzas son el origen de una estructura del pensamiento que me habitará siempre. Porque trasladarse no es sólo cambiar de lugar, sino estar casi siempre lejos de lo que uno ama.
Estudié letras, construí una casa, planté en ella un sauce, un tilo y un plátano. Ubiqué mi cuarto en forma tal de ver a los ojos cada atardecer desde mi ventana. Me casé con el hombre que amo, tuve las hijas que hubiera elegido, me trasladé a Córdoba, trabajé, amé dar clases de literatura, fui feliz con mis alumnos, me reí con mis colegas, tuve otra casa en la que planté Damas de Noche robadas de los caminos cercanos a Saldán. En el nuevo jardín enterré a nuestra vieja perra Niebla, puse sobre ella flores que dieron semilllas que más tarde guardé en un frasco con una etiqueta que versa: Semillas de Niebla,porque ella seguirá floreciendo donde nosotros vayamos, incluso en macetas que ahora habitan en Sicilia.
Escribí a pesar de mi misma, con hijas dormidas sobres mis rodillas. Escribí siempre y a pesar de todo. Leí cuanto pude y me faltará siempre tanto. Gané concursos de poesía y cuento. Escribí dos novelas. Escribo, ahora, una Bitácora de viaje que ,alguna vez, espero terminar.
Cuándo concluirá mi viaje?
A veces creo que estoy signada por la sangre árabe de mi abuela Ángela, o por las rutas inmigrantes de mi abuelo italiano, Enrique, o la abuela española, María. Tal vez en sus viajes de ida se esconda la razón de mis partidas y quizás mi abuelo Benigno, hijo de una familia española afincada en Argentina desde antes de la colonización, me imprima este anhelo de pertenencia telúrica que me vuelca los ojos siempre hacia el Sur.
Ahora escribo desde Italia, desde mi isla que es Sicilia. Las Tres Marías tienen una inclinación distinta y la luna está al revés. Ya no puedo ver su cara, ni el bote con un lacayo y un rey que creía navegaban en ella cuando de niña la miraba y era tan, pero tan pequeña.
Tuve una infancia feliz: anduve a caballo cuanto quise, conocí pueblos con calles de tierra, viví carnavales en los galpones de un ferrocarril que ha desaparecido, corrí en patines de ruedas naranjas, pasé siestas enteras sobre una higuera, recogí los frutos de la quinta de mi abuelo, caminé mil veces hasta la Ermita de Saavedra, me lavé el pelo con agua soleada de tanque, vi luciérnagas enormes, vi estrellas fugaces, tomé leche recién ordeñada en el campo de los abuelos, dormí con bolsas de agua caliente en los pies, bajo un plumón morado; amé profundamente, extraño tanto aquellas cosas...
La vida me ha sentado frente a toda la mitología que estudié: frente al Jónico, frente a Polifemo, Ulises, las Sirenas.
Ahora también soy feliz, profundamente feliz, adultamente feliz y estoy escribiendo la otra parte de mi biografía hasta nuevo aviso de mudanza, traslado o exilio.

sábado, 13 de marzo de 2010

Cualquier parecido con Argentina es pura coincidencia

http://www.perezreverte.com/articulo/noticias-entrevistas/345/soy-un-lector-que-escribe-libros-si-fuera-solo-escritor-estaria-muerto/

..."Estoy harto de corderos que se dejan degollar. Harto de que todos los sinvergüenzas se hagan solidarios, de tanto cantamañanas, de tanta demagogia. No voy a dejarme matar. Sé que no voy a cambiar nada, pero lo que no se puede hacer es el silencio de los corderos. No dependo de Aznar, ni de Zapatero ni de González, y si un día me echan de este país, me voy a Francia, escribo allí, o en Italia o en Argentina. Puedo hacerlo en cualquier sitio, mentarle la madre a quien sea sin esconderme. Ésa es la libertad que me da lo que he hecho hasta ahora. Y me encanta la idea de morir matando. Gandhi no cambia nada.
... La literatura es el único consuelo y el único analgésico posible. No elimina la causa del dolor pero ayuda a soportarlo..."
Arturo Pérez Reverte

viernes, 12 de marzo de 2010

Decir "adiós" es un sofisma

He dicho adiós a tanto y tantas cosas...
he dicho adiós, por ejemplo, a ciertas amapolas,
a unos jazmines que no llegaron,
a la primera versión de la dulzura,
a tierras que amé,
a ríos que no crucé ni cruzaré.
He dicho adiós en los andenes,
en las veredas,
detrás de los cristales,
al borde de escaleras,
al otro lado de las almohadas.
He visto por última vez
las Sierras de la Ventana,
La Isla de los Patos,
La Plaza del Sol,
Las sombras largas en un campo de golf en cuyos postes
mil lechuzas anunciaban noche en Villa Allende.
He querido creer que me despedía en ese adiós y
simplemente se trataba de una letanía
repetida como un mantra, como una plegaría,
como una memoria
que todo lo devuelve,
que todo lo conserva y
que nada desecha.
Yo, como tantos, he dicho adiós
pretendiendo que la palabra se llenara de olvidos...
Ahora, acaso, recuerdo tanto o más cada adiós
y cada uno de los olvidos.