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Estamos hechos de palabras.

Palabras que hemos escuchado, hemos dicho, hemos tratado de olvidar, hemos querido decir, hemos vuelto a pronunciar.

Hechos de una historia más narrada que vivida. Porque nuestra historia no es nuestra historia, sino lo que contamos de ella y, así, terminamos convencidos de que es la nuestra.

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miércoles, 22 de junio de 2011

¡Ay, tristeza oscura!

¡Ay, tristeza oscura!
Creí que amanecía
Luego de siglos de noche infinita.
Apagué las velas, soplé la llama de los candiles,
Me levanté a tientas y
Abrí los postigos.
Enceguecida de fulgores busqué otra candela
Y ya no fui capaz, siquiera,
De saber encenderla.
¡Tristeza oscura,
Resplandor obsceno,
vastedad de tormenta!

M. P.V.