
Yo creo que enloquecer
Es sólo una decisión
Que estoy demorando un poco.
Creo que bastaría con decir:
“Hoy fue el último día,
Mañana despertaré en otro plano
Lleno de margaritas silvestres
Y limoneros con azahares perfumados
Y tendré violetas en el cabello,
Más largo que siempre,
Y sonreiré de ver cómo el cielo es rosa al mediodía”.
Yo creo que alcanzaría con firmar el último contrato
Con el desgaste de los días,
Con las horas vacías,
Con los segundos de hastíos profundos
Y soledades abismales
Y desconciertos ante la hipocresía
Y rubricar con lacre y trementina
El instante agónico de la espera
que ha perdido todo sentido
y me rasga con dedos sutiles y uñas ásperas
mientras me veo aquí, tan volcánica y sin lava,
tan sin Pompeyas para tapar con nauseas etneas…
Creo que la locura
Será siempre un destino complaciente,
Como los imposibles o las pesadillas.
Creo que mañana por la mañana
Sería un buen día para decir Basta
Y darle una canción de cuna a la niña
Que vuelve a esperar y sueña
En algún campo de Saavedra,
Bajo las palmeras descascaradas de un parque que huele a laurel,
Sobre la higuera con gotas de miel.
Voy a bañarme en el agua del tanque,
Voy a recoger verbenas,
Voy a besarlas a ellas,
Voy a amarlo entre sábanas rosas-naranjas,
Voy a olvidar que he pretendido,
Voy a fingir que no he querido
Sentir estos deseos de ser otra
O yo misma
O yo entera: la que soy, la que ha sido, la que han visto…
Mañana será un buen día
Y será otro día.
M. P. V.